Dicen que el que la busca la encuentra y que el que la sigue la consigue. Pero esas lecciones de perseverancia no siempre dan resultado. Uno puede pasarse tocando una puerta, una que por X motivos creen que es por la que deben de entrar, y no porque insistas e insistas la persona que está al otro lado te va a abrir. Bueno, finalmente lo puede hacer por cansancio, pero créanme que, si es así, lo hará de tan mala gana que van a desear que la puerta se hubiera mantenido cerrada.
No creo que buscar, buscar y buscar hasta encontrar lo que estás buscando sea una buena táctica. Piensa en todas las veces que tus llaves han desaparecido de tu cartera o cuando el par de zapatos que combina perfecto con lo que te has puesto se fue caminando de tu habitación y se puso a jugar al escondite en el rincón más oscuro que hay debajo de tu cama.
¿Cuántas veces has rastreado tu casa buscando desesperada el mando de la tele –o cualquier cosa- durante largos minutos solo para que, un rato después, llegue alguien y te señale que lo que buscabas desesperadamente estaba ahí, en tus narices, camuflado como un experto camaleón?
¿Ves? A veces es mejor no obsesionarse con encontrar las cosas, relajarse y alegrarse cuando estas se nos cruzan en el camino.
Ojo, de ninguna manera estoy diciendo que uno no deba luchar por lo que quiere hasta lograrlo. Solo estoy diciendo que, en cuanto a encontrar cosas perdidas se trata –y amores también-, nuestra insistencia en vez de atraer las cosas, las puede repeler. Si buscas, buscas y buscas enfermizamente, probablemente llegues a pensar que todo lo que brilla es oro.
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